Formación

CLOWN


¿Qué hace que la gente se ría de nosotros?

¿Todo el mundo puede ser gracioso de la misma manera?

¿Qué diferencia hay entre un actor cómico y un clown?

¿Cómo puedo hacer reir sin intentar ser gracioso?

 A la hora de trabajar el Clown todas estas preguntas y muchas más aparecen tarde o temprano, y es el público la clave para desubrir las respuestas a todas ellas. Hay muchas verdades sobre el Clown, la que buscaremos nosotros es la que se basa en el placer de jugar nuestra versión más ridícula. En los cursos se proponen ejercicios, improvisaciones y juegos para ir descubriendo diferentes caminos; nada esta cerrado y todo es posible.

 

Para hacer reir con el Clown no son necesarias bromas, ni gags, pero hace falta una honestidad sin tapujos, que a través del juego nos muestre el placer de ser ridículo. El trabajo del Clown requiere una gran generosidad por parte del actor, no se puede esconder detrás del maquillaje o la nariz roja, sino que como si fuera una lupa de aumento desvela si el actor es sincero o no en su interpretación.

 

 

 

 

El Clown nos hace reír, y para ello nos enseña toda su desgracia; él no es totalmente consciente de lo que está ocurriendo, pero eso no le frena e absoluto, es más, quizá es esa falta de conciencia lo que le impulsa al terreno de lo imposible, y allí donde nosotros fracasamos, él triunfa.

 

No tiene la inteligencia suficiente como para hacer reír con su ingenio, pero el actor tiene que ser lo suficientemente ingenioso para hacer reír con la ignorancia del Clown. Se desarrolla aquí la libertad del fracaso. El Clown no tiene la responsabilidad de hacer las cosas bien, sólo el placer de hacerlas y de seguir intentándolo a pesar de sus fracasos.

 

A través del juego, la escucha, del ritmo y de la lógica clownesca iremos descubriendo las posibilidades que se le presentan al Clown para seducir al público con su estupidez.


 

 

 

 

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